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Un viaje con los Cóndores

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La Tercera compartió la travesía de la selección nacional de rugby a Mendoza. Un periplo que incluyó algunas frustraciones, superadas con la pasión y el orgullo de representar a Chile. El apegó a la camiseta y el amateurismo total en su máxima expresión.

El cóndor andino, cóndor de los Andes o simplemente cóndor, es un animal que habita las zonas montañosas de Sudamérica. Es la segunda ave de mayor envergadura del mundo, superada sólo por el albatros; grande y negra, con plumas blancas y de color rojo. Con virtudes varias, destaca por su combatividad y adaptación al medio. Quizás por eso, y también por ser parte del escudo nacional, la selección nacional de rugby lo escogió como símbolo. Y este fin de semana, el equipo demostró toda esa tenacidad en Mendoza.

La primera prueba de adaptación: en bus a la capital de Cuyo, nada del cómodo y breve viaje en avión. Tres noches y cuatro días en la ciudad trasandina para ir a defender a Chile, pero en un marco especial: como duelo preliminar del partido entre los Pumas y los Wallabies. Todo esto en el estadio Malvinas Argentinas, con más de 35 mil espectadores y el registro permanente de la televisión.

La ruta hacia el cruce  de los Andes comenzó a las 11.30 del jueves pasado. Todo iba a bien hasta la llegada a la aduana, en el paso Los Libertadores. Problemas de documentos de algunos miembros de la delegación atrasaron el desplazamiento durante cinco horas. Tiempo que los seleccionados sólo pudieron amenizar con música y películas en el bus, luego de almorzar milanesas y lomitos. Taken 2, videos de Coco Legrand y Dinamita Show, y música bailable.

Cuando el reloj marcaba las 23.00, la delegación comandada por el head coach australiano Paul Healy, los técnicos Mark Cross (neozelandés) y Elías Santillán, llegó a Mendoza.

“Muchachos, esto es una selección nacional y debemos representarla y defenderla de la mejor manera y con la mayor seriedad posible. Pido el máximo respeto y compromiso a su país”, comunicó Cross a sus dirigidos en una reunión privada en el lobby del hotel antes de ir a dormir. Ya al otro día, desayuno continental antes de ir a entrenar. “No coman huevo”, pedía Santillán a sus pupilos. Pocos hicieron caso. El largo trayecto desde Santiago permitía de alguna forma un premio, así al menos lo sintieron los jugadores. Luego, práctica en doble jornada. A las 10.00 y a las 16.00. Si existía alguna complicación muscular, los jugadores debían ir a la habitación del kinesiólogo Nicolás García. Aunque días más tarde, García se las ingenió para atenderlos en un salón del hotel, que inteligentemente convirtió en un salón de recuperación.

Momento amargo 

Llegó la noche del viernes y al mismo tiempo, como una bomba nuclear, cayó un rumor sobre los seleccionados: Existía la posibilidad de que el partido preliminar en el Malvinas Argentinas no se pudiera jugar. La razón: una cláusula de contrato entre la Unión Argentina de Rugby y la Sanzar  se activaba si caía lluvia antes del compromiso de la Rugby Championship. Algunas caras se vieron afectadas. Y claro, era un sueño poder telonear a dos potencias del rugby mundial y, sobre todo, si familiares habían viajado para acompañarlos en este evento.

El sábado y cuando el reloj marcaba las 12.00, el rumor se convirtió en realidad. La ilusión de jugar ante un gran marco de público y quizás ante más de un veedor internacional, se acabó de un momento a otro. Aún así, el capitán de los Condóres, Manuel Gurruchaga (31), líder indiscutido del equipo, subió el ánimo rápidamente en el almuerzo. Una breve charla de cinco minutos explicó a sus compañeros que hay algo que entrega más orgullo que telonear a los Pumas, y eso era representar a un país. En el lugar que sea.

Ya en el bus, camino a la cancha regional de Peumayén Rugby Club, se vivió un silencio profundo. Ya no había risas, tampoco filmes y menos música. Sólo rostros serios de quienes querían un triunfo al otro lado de la Cordillera. Y así lo consiguieron. Demostrando fidelidad a un amateurismo total (el mismo que pide Jorge Sampaoli a la selección de fútbol), Los Cóndores se adaptándose a cada momento del viaje y del juego. Cuando había que atacar, lo hicieron con destreza, y cuando hubo que defender, fueron una muralla roja.

Finalmente, la victoria de los chilenos fue por 38-33, demostrando una vez más que, aunque su deporte no sea profesional en el país, sólo les basta ponerse la camiseta que representa a la estrella solitaria para entregarse el máximo, para adaptarse y combatir. Como Cóndores que son.

Fuente: La Tercera

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