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El juego argentino va a enriquecerse

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Les proponemos una crónica publicada en “Rugbyrama”, en la columna del célebre entrenador Pierre Villepreux, antes del partido en el que Argentina enfrentó a Nueva Zelanda. En dicha nota, el teórico francés se refiere al desempeño de los Pumas en el Rugby Championship.

 

La concomitancia entre el comienzo del Top 14 y el Four-Nations nos sumerge en un rugby que no para. No sería oportuno querer comparar el rugby del Sur, con el no necesariamente exaltante que nos propone el alto nivel francés en este momento. Y justamente en el Four-Nations, la reunión de los argentinos con los tres sudistas tradicionales no es carente de interés.

 

Efectivamente, ¿acaso los Pumas no son los depositarios del juego europeo y en particular francés, visto que una gran mayoría del plantel ha participado desde hace varios años en el Top 14? Esta pertenencia es ciertamente insuficiente para borrar su propia cultura, pero está suficientemente presente al haberla impregnado de ese rugby, hecho de formas y comportamientos, recogidos a la vez en el juego de nuestro campeonato y en los métodos de formación de los clubes franceses. Es efectivamente cierto que el rugby francés, al acogerlos, les ha permitido llegar a ser con el tiempo los competidores que, hoy en día, nos dan problemas. Sobre todo aún, si consideramos que los enfrentamientos franco-argentinos han sido muchísimo más numerosos que los que los oponían, de una manera muy esporádica, a las tres mejores naciones sudistas.

 

Esperábamos con interés ver como se irían a comportar en la globalidad de una competencia de exigencia. Si su rugby, resistente y temerario sería suficiente para rivalizar y evitar derrotas estrepitosas. Por el momento, yo diría que salen más que bien del paso. Están lejos de solamente resistir. Agregan esa pizca de audacia, aquella que su “talento de jugador” y que no se les reconoce suficientemente, les autoriza necesariamente. Audacia y fuerza emprendedora, son ingredientes muy presentes en el juego que producen y son indispensables, si queremos que el compromiso en el combate tenga una razón de ser y no sea una caja vacía que termina en un combate por el combate.

Si persisten en esta evolución, yendo hacia una producción más ambiciosa, fundada sobre una juiciosa evaluación de riesgos, el juego argentino va a enriquecerse. Esta competencia va a ser entonces un atributo interesante, para ir hacia una progresión significativa. Tendremos la ocasión de apreciar tal evolución en el próximo test que los Pumas jugarán en Lille el mes de noviembre.

La supremacía esperada de los All Blacks no se puede desmentir. Después de tres partidos, su consagración como campeones no deja lugar a dudas. Es cierto que aún no enfrentan a los sudafricanos que, como de costumbre, no dejaran de proponerles su rugby físico que permite ganar en forma puntual un match, pero demasiado imperfecto en lo táctico como para rivalizar de manera perenne.

En cuanto a los australianos, me parecen patinar desde hace bastante tiempo. Su rugby está hecho con menos iniciativas, y, en consecuencia, es de menor velocidad. Su victoria contra los Springboks no fue significativa y la resurrección que el público y medios informativos esperan, tarda en llegar. El mal es quizá más profundo que previsto. La cultura del rugby en ese país aún tiene dificultades para imponerse y las dos competencias mayores que son el Super 15 y el Four-Nations, no son suficientes para crear una dinámica de identidad, como aquella que existe en otros deportes australianos de pelota ovalada. Lee Smith, un técnico neozelandés que conoce bien ese país, piensa que la base no es suficientemente amplia para que el mejor nivel actual saque provecho. Según él, habría que crear competencias intermediarias para los clubes o para las provincias, como la Curry Cup en África del Sur o la ITM Cup en Nueva Zelanda.

Lo que no es el caso, y el alto nivel no es suficiente para atraer jóvenes y talentos que vienen con la cantidad. Esta falta de profundidad conspira contra el alto nivel, sobre todo si consideramos que muchas de sus estrellas, hoy por hoy, están más que maduras…

¿Este equipo australiano que vamos a recibir en noviembre próximo, es capaz de proponer el rugby total que había sido el suyo hace dos años en el estadio de Francia? No es seguro. Cuando nos sentimos más débiles, la tendencia es buscar refugio en un rugby prudente, privilegiando la defensa, limitando la toma de riesgos y apoyándose en un pateador eficaz. Un estilo que puede permitir esperar, si los resultados surgen, que el mejor juego, que ha hecho la gloria de los Wallabies y que corresponde a la cultura de espectáculo indispensable en ese país, será la consecuencia. ¡A ver!

Pierre Villepreux

Fuente: Rugbyrama.

Publicado el 13/09/2012.

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