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ESTRUCTURA DEPORTIVA


El aspecto orgánico en un club no es banal, la articulación de las diferentes divisiones de edad constituyen una estructura, tema no menor en diversas latitudes.  Encontramos un interesante artículo publicado en Rugby Times por Luis Mari. El autor es un destacado hombre de rugby en España: Entrenador, árbitro y dirigente; reproducimos en integralidad su valioso punto de vista y las respuestas por él dadas ante el no menudo problema del recambio de jugadores y el afianzamiento de un club de rugby que comienza.

A partir de una afición común por el rugby en diversas personas se acuerda formar un club de rugby o una sección dentro de un club deportivo ya inscrito. Lo normal es formar un equipo senior y competir con ambiente de cuadrilla en la categoría que permita la Federación. Si el grupo continúa durante dos ó tres años, lo lógico es formar un equipo juvenil para asegurarse el relevo de los veteranos, que, a su vez, en el momento de la retirada de la competición, se convierten normalmente en entrenadores de cadetes o juveniles, directivos, etc.
La segunda fase es formar una Escuela atendida por jugadores retirados, que alimentará a cadetes, éstos a juveniles que a su vez pasarán a senior por edad. Capítulo aparte el rugby femenino que tratamos en trabajo exclusivo de Rugby Times. Y es en este momento de la transición a senior donde se produce la sangría de perder todo el trabajo de cinco años, por no tener un segundo equipo estructurado. En Gipuzkoa sólo conocemos uno, el Hernani. Los demás lo utilizan como un desván.
El rugby gipuzkoano tiene muchas asignaturas pendientes pero hoy tratamos el tema de la transición juvenil-senior que es la clave de muchos otros problemas que afectan a todo el rugby en nuestra provincia. Un segundo equipo senior que acoge a los que empiezan y los que terminan en la alta competición del primer equipo. Si sabemos unir y mezclar la pujanza y entusiasmo con la veteranía y cultura rugbística de los veteranos, conseguiremos, por una parte, que en dos años los jóvenes hayan desarrollado física, psíquica y técnicamente el nivel necesario para jugar en el primer equipo disfrutando y con los riesgos físicos mínimos. Los veteranos beneficiándose del ambiente distendido y alegre que proporcionan los jóvenes y la satisfacción y orgullo de que han aportado sus conocimientos y vivencias en la formación de los futuros protagonistas del primer equipo. Este proceso continuará cuando los ex-juveniles vuelvan al segundo equipo para hacer lo mismo que hicieron con ellos, y los veteranos a formar parte del cuadro técnico (cadetes, juveniles, Escuela) o entrar en el arbitraje, formar parte de la Directiva, o ser un espectador cercano integrado en la “reserva” para echar una mano en lo que haga falta esporádicamente. Pero sin salir de la familia del rugby, del club. Por eso reclamamos espacios de participación (grupos, comités, órganos de gestión, Fundación, etc.). También con este organigrama los jugadores van a dejar la familia del rugby, pero no será una sangría como ahora, sino un porcentaje soportable.
Cierren por un momento los ojos, y piensen qué podríamos hacer, si multiplicamos por cinco (y no exageramos) la familia de nuestro rugby, en cantidad y en calidad. Pues para empezar, que aquellos que argumentan que no tienen jugadores por culpa del fútbol, porque el nivel demográfico ha bajado, y porque la abuela fuma., tendrían que callarse y trabajar sin excusas, en lo que puedan, sepan y quieran, pero sin poner pegas que ya tenemos bastantes con los servicios médicos prohibitivos, los costes de participación (inscripciones y fichas), que gravan en exceso las condiciones de participación, etc.
Volviendo al segundo equipo, que es la clave para la preparación de juveniles en la nueva y físicamente distante categoría senior, debidamente arropada. En la primera línea no debe jugar más de un ex-juvenil a la vez. En la segunda línea, con más razón. Y en la tercera, depende del tipo de juego que practique el equipo. Si cierra mucho el juego, un tercera “ex”, y si el equipo juega “de pié” y abierto, pueden entrar dos terceras “ex”.
Existen tres puestos clave en un equipo de rugby que requieren una preparación física siempre, pero sobre todo, técnica y psicológica, extrayendo al máximo para el juego su potencialidad intelectual para adoptar con la mayor frecuencia posible, buenas decisiones en el juego. Esto se espera de todos los jugadores pero los que más frecuentemente disponen del balón son además del medio de melée, el medio de apertura., que junto con el zaguero, arrière o back, forman el trío estructural. Y este oficio necesita de tres a cinco años con estabilidad y rigor en los entrenamientos. Con estos tres puestos clave, se puede estabilizar el juego, adoptar tácticas, dominar el “tempo de juego” y resolver el 30-40% de los problemas que presenta un encuentro de competición. Pero este oficio necesita el paso por el taller de prácticas del segundo equipo, que debe representar la reserva cultural activa del rugby en el Club.
En estos momentos hay al menos un club en Gipuzkoa que está a punto de tirar por la borda las tres últimas generaciones de juveniles por la funesta gestión del segundo equipo. Y es de los que tienen medio equipo ajeno que en cualquier momento te dejan tirado, como ya han demostrado los de su área de procedencia, en repetidas ocasiones.
Es un super riesgo pasar de juvenil a (por ejemplo), la División de Honor actual en España. El segundo equipo tiene que tener su horario propio de instalaciones. Su equipo técnico y su plan de entrenamientos al margen del primer equipo, y a poder ser en días diferentes, para que el segundo no sea un sparring del primero. La única dependencia que tiene que tener el segundo equipo respecto al primero es orgánica. Dentro del esquema técnico de la Entidad, el segundo equipo aportará al primero lo que éste necesite de él, pero en una línea recíproca, los jugadores de la primera plantilla que salgan de una lesión, pasarán por el segundo equipo en competición, antes de reintegrarse al primero. Los jugadores, no necesarios en las convocatorias, se pondrán a disposición del entrenador del segundo equipo y los técnicos de los dos equipos senior de la Entidad mantendrán una relación fluida y sin paternalismos. Y que no estén semanalmente reclamando jugadores para no jugar. Que el primer equipo acuda al segundo de forma esporádica y planificada.
El segundo equipo puede formar jugadores a plazo. Pero no las urgencias. Que los técnicos planifiquen y presenten las carencias especialistas que detectan a corto, medio o largo plazo. Para eso está el segundo equipo. Para intentar resolver esas necesidades.
Pero suponiendo que el Club actúa con sentido común, cultura de rugby, lógica y rigor, se encuentra con que su segundo equipo no puede jugar dos semanas seguidas porque la competición es un cachondeo. El día que no hay una incomparecencia, hay un aplazamiento o una suspensión porque la gente de un equipo se quiere ir a esquiar. Y la Federación traga todo lo que le echen. A ver si vamos a tener que volver a jugar con seguro de la M.G.D. y sin ficha federativa.
Un poco de seriedad por favor, por parte de todos, pero dando ejemplo, la Federación.
Luis Mari Ezeiza
Fuente: Rugby Times.
Publicado el 05. 03. 2009.

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